Alejandro: El arte de vivir a su manera
Para cerrar estas notas, es imposible no detenerse en Alejandro (el nombre ha sido cambiado), el padre de Toñita, un personaje inspirado directamente en la figura de mi abuelo materno. A menudo, las biografías formales intentan dibujar a los patriarcas como hombres estrictos, abnegados y dedicados por entero al trabajo; sin embargo, la verdad de mi abuelo era mucho más rica, bohemia y singular.
Él no encajaba en el molde del trabajador incansable. Lo suyo era el arte de delegar: era capaz de contratar a un asistente joven para que se encargara de los deberes mientras él, con total parsimonia, se iba a la esquina a tomar un café, a fumar, a tomar algo o a disfrutar de una buena partida de billar. Aunque muchos en su época lo juzgaron con severidad y lo tildaron de padre irresponsable, creo firmemente que hay que ponerse en sus zapatos para comprender la magnitud de su historia. Enviudó siendo muy joven y, casi en un efecto dominó, como un castillo de naipes que se derrumba, vio partir a sus dos padres, inmigrantes europeos que ni siquiera hablaban español.
A pesar de las tragedias y de las críticas de los adultos, para mi primo y para mí, su actitud era una fuente inagotable de diversión. Nos hacía reír con su firme convicción de afirmar que trabajaba duramente, cuando la realidad nos decía todo lo contrario. Lejos de las etiquetas y de los juicios severos, él fue, ante todo, un abuelo maravilloso. Todo un personaje que preferí retratar en mi foronovela con la misma picardía y el mismo cariño con el que hoy sonrío al recordarlo en el billar de la esquina.
Su último recuerdo era un video suyo, a los 88 años, bailando reggeaton en un centro comercial de Bogotá demostrando que ha edad avanzada conservaba, la vitalidad de un joven de 20 años.

Comentarios
Publicar un comentario