Sobre Mañuco: El economista de las mil historias
En el proceso de escritura, algunos personajes se rebelan y exigen su propio espacio. Ese fue el caso de Mañuco, un personaje que no figuraba en el plan original pero que, poco a poco, fue reclamando un protagonismo indiscutible. En la realidad, la figura que lo inspira estuvo marcada por un temperamento complejo y visiones muy pragmáticas que a veces chocaban con el entorno familiar, pero la literatura me ha permitido mirar más allá de las diferencias cotidianas.
Lejos de la ficción que a veces lo dibuja como mecánico, él estudió economía. Sin embargo, el profundo respeto y el cariño que le tengo a sus dos hijos —mis primos cercanos— me llevaron a buscar una mirada mucho más sensible y humana. Decidí despojar su recuerdo de cualquier sombra absoluta para rescatar al hombre apasionado por las páginas de la mítica revista argentina El Gráfico, aquel que era capaz de encandilar a cualquiera con sus historias de fútbol, estadísticas y tácticas del pasado.
El destino, además, quiso que Mañuco (el nombre ha sido cambiado) estuviera entrelazado a mi sangre por todos los frentes posibles. Su entrada a nuestra historia comenzó con una tragedia: fue el novio de la hermana de mi padre, una tía que partió antes de tiempo en un trágico accidente ecuestre. En medio de ese duelo profundo, los hilos invisibles de la vida lo acercaron a la hermana de mi madre, una dedicada enfermera. De ese consuelo mutuo nació un matrimonio y una nueva rama familiar. Mañuco permanece en mi relato no para juzgar sus errores, sino como el testimonio de un hombre atrapado en los giros dramáticos del destino, cuya pasión por el fútbol dejó una huella imborrable en nuestros recuerdos.
Sobre Lucía: El orden, el fútbol y los hilos del destino
Lucía, la hermana de Toñita en nuestra historia, encuentra su inspiración directa en mi tía, la hermana mayor de mi madre. Aunque su energía vital y su apariencia hacían que a menudo pareciera la menor de las dos, en la realidad cronológica le lleva dos años de ventaja a mi mamá. Lucía dedicó una etapa importante de su vida a trabajar como enfermera, una profesión noble que de alguna manera anticipaba su carácter meticuloso y protector.
Fue el destino el que se encargó de tejer su historia de amor de una forma sorprendente y cruzada: terminó casándose con el hombre que había sido el novio de la hermana de mi padre, aquella tía que partió prematuramente tras un trágico accidente. Aunque los detalles exactos de cómo nació el amor entre ellos en medio de aquel duelo permanecen bajo el velo del misterio familiar, lo cierto es que formaron un hogar sólido. En ese espacio, Lucía desplegó una de sus facetas más singulares: una devoción absoluta por la cocina, el orden y el aseo de la casa. Su estándar de limpieza era tan alto que, incluso cuando llegó a contar con el apoyo de tres empleados domésticos, ella misma prefería involucrarse para asegurarse de que todo estuviera impecable.
Mis visitas a su casa han sido una constante a lo largo de los años, así como sus propios viajes a Miami, pero hay un recuerdo de infancia que guardo con especial nitidez. Lucía compartía una gran pasión por el fútbol; una afición que nos unió muchísimo durante las tardes memorables del Mundial de USA 94. Todavía me acuerdo de la emoción con la que disfrutábamos juntos de aquellos partidos y cómo celebramos, pantalla de por medio, cada uno de los magistrales goles del italiano Roberto Baggio. Retratarla en la foronovela es mi manera de mantener encendida esa combinación tan suya de pulcritud, misterio romántico y pasión futbolera.

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