Nota del autor: Mama Mirta y Afranio (CON AYUDA DE IA)

Mama Mirta: La "Grandma" de los 120 años


Mama Mirta está inspirada en mi abuela paterna. En realidad, ella era la encargada de traer el aire cosmopolita —y una maravillosa dosis de excentricidad— a nuestro árbol familiar. Tras el devastador dolor por el fallecimiento de su hija, decidió empacar su vida y mudarse a los Estados Unidos, donde se estableció junto a otros hermanos de mi padre. Debido a la distancia, mis encuentros con ella fueron esporádicos, marcados por la magia de los viajes de la infancia.

En realidad, mi abuela paterna era una mujer coqueta y moderna que libraba una batalla eterna contra el paso del tiempo. Le ofendía profundamente que la llamaran "abuela", una palabra que consideraba casi un agravio; en su lugar, exigía con gracia que la llamáramos "grandma" o, en un cariñoso espanglish, "grandmachita". Su edad real fue siempre el secreto mejor guardado de la familia: jamás la reveló y, cuando se le presionaba, aseguraba con total desparpajo que tenía 120 años. Aunque finalmente partió de este mundo rondando los 73, en la ficción y en mi memoria se queda para siempre con la eterna juventud de su espíritu y sus divertidas reglas de etiqueta.

Sobre Afranio: Orgullo y reencuentros tardíos


Cerrando este círculo está Afranio (un nombre que elegí para proteger su verdadera identidad). Este personaje está inspirado en mi abuelo paterno. De él guardo un recuerdo vago y neblinoso, pues partió cuando yo tenía apenas cuatro años; sin embargo, su presencia ha sido una constante en mi vida a través del profundo orgullo con el que mi padre siempre hablaba de él. Afranio tuvo una vida intensa que incluyó dos matrimonios y una descendencia que el tiempo se encargaría de entrelazar.

En la foronovela me tomé una licencia temporal para agilizar la narrativa, haciendo que mi padre y sus medios hermanos ya se conocieran e interactuaran en el año de mi nacimiento. En la realidad, las piezas del rompecabezas tardaron un poco más en encajar: ese gran encuentro familiar ocurrió años después, cuando yo tenía siete años. Lo hermoso de este giro de la vida real es que aquellos hermanos menores de mi padre se convirtieron, con el tiempo, en mis mejores amigos; esos tíos entrañables a los que visito con impaciencia y alegría cada vez que mis pasos me llevan de regreso al Perú.

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